Mañana nublada, con probabilidad de lluvia y un porcentaje considerable de humedad…
En la habitación, sobre la cama, frazadas de colores llamativos, un par de libros de Borges, ....La Metamorfosis... A.. su derecha, una mesa de luz de roble con una gran lámpara de ónix con forma de mujer atrapada por enredaderas y en su desesperante grito una tenue luminosidad proyectada por un pequeño foco (que recuerda la metamorfosis de Dafne); hacia el frente de la cama, un atril desbordado de pinturas realizadas con acrílicos, carbonilla, acuarelas, y en el piso una paleta; un vaso con agua de color indefinido; unos cuantos pinceles de distintos trazos; mas pinturas; de paisajes verdes con sol; luna y estrellas; mujeres; castillos; pescadores; montañas; tachones; esbozos y una guitarra con cuerdas algo gastadas. Enfrentada a la cama, a la izquierda, una ventana con cortinas de lienzo viejo desde la que se puede ver asomándose hacia arriba el cielo lleno de smock,y hacia abajo, el movimiento de los autos, de la gente, y en una plazoleta, justo al cruzar esa calle soporífera, un anciano de tez quemada por los soles de la temporada, barbicanoso, boina en su cabeza lee el periódico matutino. Siempre sentado esperando quien sabe que cosa, fumando su pipa estilo Sherlock Home y leyendo de forma monótona el diario en el típico banco, blanco sin detalles, vestido con un gamulan, que deja apenas espacio para divisar sus zapatos negros algo lustrados. Una plazoleta, plagado el piso de palomas; migas de pan; mugre y muchas hojas amarillas notablemente atractivas para los que les fascina escuchar el crujido que éstas producen. Los edificios del lugar altos llenos de grietas y humedad y algunos con esculturas viejas y erosionadas por los años.
Una mujer vestida de oficina y de figura anoréxica, pálida sin color ni siquiera en sus labios se dirige a un taxi con orientación al sur, sube; mira por la ventanilla con expresión de sueños perdidos y se va…
Mañana nublada y con probabilidad de lluvia decía la radio y a continuación un tango “otoño porteño” (Piazzola), que sería un crimen no escucharlo mirando por aquella ventana desde aquel cuarto piso, recordando una vida llena de nostalgias, y no salir para tener que cruzarse con la cruel realidad de pensar que aquella época que ya había sido devastada por el ruido, la agitación de la gente que camina como hormigas, os puestos de panchos y para variar, esa extraña “melodía” con presunta estructura musical llamada y que no es lo que realmente se denominaría cumbia, que resuena y resuena en las veredas de los negocios. Aplastados y pisados por esta nueva época se sienten unos; otros, juegan al gallito ciego muy felizmente, y otros se sumergen y consuelan creando un gran caparazón contra las masas de gente que ignora la magia que realmente esconde el lugar si retrocedieran y apagaran esa música estupefaciente que atonta muchos cerebros, y pararan un poco para sólo escuchar la melodía de aquel cuarto piso y recordaran, ¿tal vez se crearía una nueva conciencia en esa gente o por lo menos lo habrían considerado?
Sale del baño: probablemente se lavo la cara, las manos, los dientes. Abre la puerta de la habitación, baja unas escaleras algo rotas, continúa y llega a la calle principal que se pierde en el horizonte: se oye una bagüala que canta esa mujer con facciones netamente indígenas y debajo de su pollera su changuito se asoma con su carita sucia con su boca llena de restos de pan; también se ven sus dientecitos amarillentos que seguramente no se asean hace mucho tiempo, tiene las mejillas sonrojadas de calor y un gorrito coya en su cabellera color castaño, sus ojos son dulces y su aroma, junto con el de su madre, trae los mejores recuerdos del norte argentino en donde sale el sol es radiante y se puede mirar otra clase de personas que transmiten su folklore bebiendo infinitos vasos de chicha, sus cigarritos y con su gracia que los caracteriza y conmueve. Sigue caminando como si toda las imágenes se las mujeres y sus niños se repetirán una y otra y otra vez; sin fin, nadie lo ve de otra manera, pero es como estar flotando en el espacio. Llega a un bar; se sienta, medita, mira al mozo fijamente que esta parado hablando con una persona de espaldas a su visión que hablaba de lo hermosas que son las llanuras de ..la Pampa Argentina.. y pide algo para desayunar, un “whiskydoble” para asentar las ideas y leer un libro, prende un cigarrillo que saca del bolsillo izquierdo superior de un sobretodo verde musgo en el cual tiene la cigarrera y mira por la ventana ubicada a su derecha. Una pareja que le trae recuerdos de aquella mañana pampeana en que llovía levemente y el verde de sus llanuras no era más que un paisaje que todos apreciaban maravillados y no una discusión de la explotación que tendría al año siguiente y el que le sigue y así interminablemente hasta terminar en un desierto iracundo.
Sus ojos se pierden y vuelven a encontrar en el tiempo y en el espacio. Sale con apuro y el frío congela sus malestares, y piensa. Es que en el sur uno tiene tantas bellezas, se pueden ver las narices más azules y las sonrisas más blancas por el efecto que produce la nieve en el reflejo de sus diente, los animales, todos hermosos, en el agua, las costas. (Se escucha un estruendo enorme que aumentaba cada vez más lo desfigurado de su rostro), ahora las calles están solas, seguro pensaba que en estos lugares hay algo extraño como en los demás, se percibe, lo percibe, (además ya no se puede…) se decía y fuma otro cigarro, su cabello tomaba forma de cristal, ¡ya no aguanto más! Por las provincias de la región de Cuyo lo único que se ve sin problemas de interpretación son las estrellas, por eso están ubicados los más importantes observatorios de ..la República.., por lo demás podría decirse que alguna gente parece un espejismo y ni hablar de sus palabras, todas desbordan de incongruencias, pero tiene paisajes atractivos… Sube a un colectivo y abre nuevamente su libro (el mundo real es ficción o sólo una parte se dedica a fabricar tales cosas), se duerme y el libro queda en sus largas y afinadas manos, sus largas pestañas y sus ojos se mueven lentamente, seguro esta soñando. Mil caminos y una mujer o un hombre al final de cada uno de ellos, todos absolutamente todos piden auxilio, ¿es el reflejo inconsciente de tu ser, es real, ¡estoy ahí!? ¡¡¡Auxilio!!! El estruendo de ecos te despierta.
Mañana nublada con probabilidad de lluvia, dice la radio, y el ruido de la lámpara que cae al piso; la bala que atraviesa su sien… Piazzola; y te dejas desfallecer, la última alegría…
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