Vistas de página en total

martes, 5 de abril de 2011

LE GRaIN

…Si acaso los relojes tuvieran conciencia de sí
mismos…


Aquí estoy consumiéndome, sumido en el interior de un gran reloj, mí vida es corta y a la vez eterna. Mí vida dura muchas de otras vidas. Soy uno, formo parte de un todo, un gran frasco con enormes y marcadas curvas.
Desde aquí he visto cosas inimaginables, incluso para mí, aunque ya las haya presenciado y me resulten ahora triviales.
Una de mis vidas recuerdo, fue en la mesa de un gran soñador que terminó en el suicidio. Él siempre llegaba y se sentaba en su silla, sacaba unas hojas, hacía entrar a su habitación mujeres íntegramente desnudas, y pasaba noches de desvelo admirando su figura y copiándolas en sus hojas. Un día llegó sumamente descontrolado, lloraba sin consuelo alguno (si hubiese podido salir de allí…), el pobre hombre susurró un nombre, Margarita y hundió en puñal en su corazón.
De allí dormí por un tiempo (¡qué irónico!) En una casa de antigüedades hasta que un hombre me llevó a su casa. Hubiese deseado nunca ir con él, recuerdo que ambos parecían conformes con la compra, hasta que comenzó a hablarme. Era un escritor, un hombre de la vida sucia, borracho y fumaba en unas pipas que cuando las encendía, estas me hacían olvidar mí función de grano de arena.
Este comenzaba a acercarse lentamente hacía el vidrio, luego lo examinaba y finalmente comenzaba:
Reloj que mides mí tiempo no dejaré que de horas te hagas
Darás vueltas y vueltas
Te perderás en infinidades de cuentos y poemas
Quedarán atrapados tus granos eternamente
Sirviéndome de musas.
         Luego prendía su pipa y su humo envolvía mi hogar. Finalmente me despertaba siendo algún personaje. Recuerdo bien uno que casi me exterminó.
         El escritor me situó en algún fututo que inventó. Me llevó hacia él. Entonces recuerdo que levanté un diario y caminaba entre la gente que me chocaba estaban todos desesperados. Empezaban a hablarme, a gritarme a tironearme y yo allí sin poder hacer nada. Sentía como mis oídos estaban por explotar, cómo mí cerebro gritaba auxilio. Luego me encadeno un una habitación donde todos vestían de blanco.
         Al otro día estaba aterrorizado. No sabía a que me sometería esta vez ese maldito. Entonces llegaba la noche y volvía a su tarea.
         Ahora son hombres con libretas en las manos y no cesan de mirarme y hacer comentarios. Presiento que saldré corriendo y me abalanzaré contra uno de ellos. Su mano no para de escribir. Será imposible.
Tal cómo lo sospeché, me golpearon demasiado para hacer algo de memoria, pero no dio resultado
         Me ha hecho salir de allí me ha subido a una torre y estoy con una mujer. Siento un extraño deseo de asesinarla. De sacarle esos hermosos ojos y guardarlos en un frasco de formol. Lo estoy haciendo, lo he hecho ¡lo he hecho!
         Su pluma se ha detenido, sin embargo yo estoy sometido a un desconocido e inevitable destino. No obstante pronto llegará el día de su muerte, porque tiene el poder de llevarme a su imaginación y pronto seré yo quién esté en su realidad y con mí mano empuñe un gran mazo, y sus ideas quedaran desparramadas por toda su habitación. Yo estaré tranquilo entonces.

No hay comentarios:

Publicar un comentario